3 jun 2012

Atlantia

   Durante miles de años los seres humanos hemos podido disfrutar del mejor regalo que los dioses dieran jamás a ningún ser vivo: la brisa, el viento, el hermano Sol y la hermana Luna, campos y praderas donde ver crecer a nuestros hijos, amaneceres bañados con el perfume que estornudan las flores en primavera, puestas de sol decoradas con los sueños aún por conseguir y, aunque parezca mentira, inteligencia. Pero el hombre blanco despreció aquel tesoro, y a medida que la vida le sonreía, él le contestaba dando patadas al destino.

   Si alguien lee esta carta, no olvide que el fin de esta civilización se debió al egoísmo, codicia e incultura de la raza humana. Los hombres ya no somos mamíferos, el ser humano no se convirtió en depredador; la raza humana somos simplemente un virus, matamos, crecemos y nos multiplicamos.

   Por eso nos extinguimos, por eso las aguas se tragaron nuestra civilización: la verdadera Atlántida éramos nosotros. Por eso dejo escrita esta nota, para formas de vida inteligente venideras.



   "Cuando los hombres escupen al suelo, se escupen a sí mismos."
Atlantia, Mägo de Oz

1 jun 2012

Pero tenemos dinero

   Hola, seas quien seas, estés donde estés. Seguramente estés preguntándote quién soy yo, y por qué escribo esto, por qué a ti. La respuesta es muy sencilla, en cuanto a mí, simplemente soy un alma en pena, de poca importancia, desesperada por huir de una sociedad cada vez más decadente. En cuanto a ti… bueno, esto simplemente ha llegado a ti por puro azar; solamente lo has encontrado, quizá por casualidad, quizá por destino. Lo has encontrado porque tienes que saber cuál es mi problema. 
   
   Mi problema es mi mundo. Mi mundo está sumido en un caos absoluto en el que solo se preocupan de una cosa llamada dinero —mejor no te explicaré lo que es esto, porque será mejor que no lo conozcas nunca. Aquí ya no nos preocupamos por ser felices, ni por estar vivos, ni siquiera por nosotros mismos. Ahora lo único que les importa es ese dichoso dinero. Los tiene absorbidos, los tortura. Resulta irónico que el hecho de que el papel, que tanto ha hecho evolucionar a los humanos, provoque ahora de repente un salto tan brusco hacia atrás. 

   Mi gente pasa la mitad de las horas de su vida metida en un recinto cerrado, sobre-explotada por personas "superiores a ellas" que las hacen trabajar hasta que no pueden más; todo esto por conseguir un pequeño beneficio. Pero este beneficio, en realidad no es más que un obstáculo más en la humanidad, un problema que se antepone a otros que deberían ser resueltos con una prioridad mucho mayor. Le damos al dinero una importancia que no tiene. Seguramente te preguntarás por qué hacemos esto. Lo cierto es que no lo sabemos ni nosotros. Te preguntarás quién sería la persona que inventaría semejante aberración. Esto tampoco lo sé, pero la maldigo todos los días al levantarme, y la maldeciré por el resto de mi vida. No tengo respuestas a estas preguntas, y seguramente nadie las tenga. La gente que piensa saber estas respuestas, en realidad, lo único que hace es engañarse a sí mismo pensando que todo esto es bueno para la humanidad.

   En realidad, no pretendo llegar a ningún sitio con todo esto. No pretendo hacer ninguna crítica constructiva, porque no hay nada que construir. Seguramente, cuando leas esto, yo estaré ya muerto, o loco. Cuando leas esto, mi mundo ya estará perdido; no hay nada que puedas hacer para arreglar esto. Si de verdad hay una razón para que yo haya escrito esto, y para que tú lo estés leyendo, es advertirte de que no permitas que hagan esto en tu mundo. No te dejes controlar por un puñado de billetes. Nunca pienses que éstos son algo más que unos cuantos papeles que, al fin y al cabo, no valen para nada más que para escribir. Te escribo esto para decirte que no permitas lo que nosotros hemos permitido, que nunca dejes de luchar por lo que vales.



   "No dejes nunca de luchar, porque el día que lo hagas, ellos estarán ahí para aprovecharse. Ellos estarán allí para alimentarse de ti."

20 ene 2012

Aún así, no hacemos nada

   Últimamente nos estamos acostumbrando a quejarnos por todo. Nos quejamos por el hambre, nos quejamos porque no hay dinero, porque hay crisis, porque el cielo es azul... Pero no hacemos nada por solucionarlo. Nos quejamos, sí, éso es lo que nos gusta. Nos sentimos mejor si criticamos errores ajenos, ya que así los nuestros parecen menos importantes. Necesitamos poner en evidencia las cualidades de los demás para olvidarnos de los mayores errores de nuestra vida, en un intento por liberarnos de la carga de la vida, aunque sea por unos instantes.
 
   Últimamente nos gusta quejarnos sobre que no hay acceso al agua potable para toda la población del mundo... De lo que no nos damos cuenta es de que la culpa es nuestra. Utilizamos nuestros enormes ejércitos de gases contaminantes, creados en las fábricas más diabólicas del universo, para destruir un paraíso que nos fue regalado sin obtener nada a cambio. Somos egoístas por naturaleza, tendemos a destruir; pero ese no es el tema. El tema es que este bien escasea a causa nuestra. No nos damos cuenta de que intentando lo imposible, habitando zonas extremas, para las que no estamos adaptados, no podemos pretender tener todos los recursos que en una zona apta para nosotros -si es que hay alguna.

   Nos extendemos con una plaga, aumentamos en número y en devastación. Quemamos la tierra a nuestro paso, dejando unicamente un rastro de muerte, de cenizas y de huesos a medio quemar. Pero no vamos a intentar cambiarlo, si los demás no hacen nada para evitarlo. Esa es la posición de todos y cada uno de nosotros. No camos a hacer nada por evitar nuestra autodestrucción, si los demás están andando hacia ella irremediablemente. De lo que no nos damos cuenta, es que al pensar esto, nadie empieza a cambiarlo, y así, nadie lo cambia.

   A lo que quiero llegar con todo esto, es a que somos completamente inconscientes de que con nuestro supuesto progreso, con nuestro avance tecnológico, con nuestro crecimiento, lo único que hacemos es dar un paso más hacia nuestro final. La avaricia nos ciega, y nos obliga a seguir adelante, por orgullo, por miedo, por egoísmo, quién sabe...






   "El día en que consigamos ver a los demás, entenderlos, y contar con su existencia, llegará. Ése día, volveremos a ser humanos."

23 nov 2011

El todo es más que la suma de sus partes.

   No sabemos lo que queremos. Ése es nuestro problema. Y si no sabemos qué es lo que queremos, por supuesto, nos equivocamos. Pero no cometemos pequeños errores, de los que perfectamente se pueden remendar con un "perdón" o un "lo siento". Son las grandes equivocaciones de la vida, las que cometemos nosotros. La propia confusión nos hace desquiciarnos, volvernos locos; nos hace consumirnos a nosotros mismos. Nos volatilizamos como la ceniza de un cigarrillo, que agoniza cada instante de su corta duración para finalmente, caer al vacío. Caemos incesantemente, sin ver jamás el fondo. Y lo peor de todo este panorama, es que no nos preocupamos. Nos da igual. Si no vemos el fondo, no caeremos jamás. Ése es otro de nuestros problemas. Si no vemos algo, simplemente no existe. No nos preocupamos por nada, ni nos preocuparemos. Pero si nos quitan el dinero, entonces sí nos afecta. Nos da igual que nos quiten la amistad, que nos quiten el amor, incluso que nos quiten la salud. Pero nuestro dinero es nuestro, y de nadie más.

   ¿Y qué pasa cuándo no hay dinero, ni para nosotros, ni para nadie? Entonces, ése es el momento de quejarse. Desde luego, si no tenemos dinero, no podemos conseguir nuestros preciados caprichos consumistas, no podemos conseguir todos los bienes terrenales que queramos. Y éso es lo que nos molesta. No nos importa que todos podamos acceder a un sistema médico, o a un sistema educativo correcto, que teóricamente sería lo mejor para todos. Pero estamos completamente decididos a malgastar nuestra vida en sinsentidos, en cosas insignificantes, que, sin darnos cuenta, nos quitan poco a poco la esencia de nuestra alma.

   Y, sin lugar a dudas, si el encargado de conseguir ese dinero para nosotros (que no representante), nos falla, nos quejamos, le tiramos de su puesto, y subimos al primer zoquete que encontremos mirando escaparates. Votar no vale para nada, haremos lo que nos ordenen. Nuestra opinión no cuenta, nos la dictan desde arriba. Somos simples marionetas de seres intocables con gomina y corbata, con elegantes trajes italianos y mocasines de piel de cocodrilo. No tenemos importancia, sólo somos un trámite más para conseguir los propósitos de nuestros superiores, para conseguir su propio poder.

   A lo que quiero llegar con todo ésto, es a que no somos nosotros los que estamos abajo. Somos los de arriba, y podemos ser nosotros quien manejen a esos "seres superiores". Nosotros mandamos, nosotros tenemos la capacidad de obtener el poder, porque somos más. Y el poder es la simple suma de pequeños puños. Pero para obtener el poder, hay que alzarlos. Lo que quiero decir, es que tenemos la responsabilidad de saber cuidar de nosotros mismos, y la estamos desperdiciando.


   "Seamos realistas, pidamos lo imposible" Comandante Ernesto Guevara.

3 nov 2011

Estás loco.

   Seguramente todo el mundo ha pensado alguna vez que el "tío de al lado" está loco, pirado, completamente paranoico. Le vemos hacer aspavientos con los brazos, gritar que tiene un dragón echando fuego por la boca enfrente de sus narices, corriendo en círculos, desesperado. Sin dudarlo ni un instante, decimos que ese pobre hombre está demente, que necesita ayuda. ¿Pero cómo sabemos que él es quien está mal, y no nosotros? Cabe una pequeña probabilidad de que ese ente que no podemos ver esté ahí realmente, y sea nuestra mente repleta de locura la que nos lo oculte a nosotros, y la mente sana de ese supuesto loco le permita por un casual verlo. En ese caso seríamos nosotros los que estaríamos locos. Pero ni siquiera te planteas el barajar esa posibilidad. Señalas a esa persona con tu retorcido y mugriento dedo, y le llamas loco en la cara, clavando tu infecta uña en la ya gangrenada herida de su alma. Te limitas a insultarle constantemente, y a golpearle, porque está loco, porque no ve lo mismo que tú ves. Y después de toda esa tortura, todavía le quedan varios años, si no es toda la vida, encerrado en una prisión donde le suministran drogas tres veces al día, donde le atan a una cama con correas, y donde no le dejan pensar nada que esté fuera de lo que ha comido esta mañana, o a qué hora se fue a dormir ayer.

   Así somos, amigos, y así seremos siempre. Somos hipócritas por naturaleza, y vamos a discriminar y a despreciar a quien no nos dé la razón como a los tontos. No nos damos cuenta de que estamos locos, todos sin excepción. Me equivoco, puede que haya un par o dos de excepciones, puede que esas personas desquiciadas, toda esa gente a la que metemos en psiquiátricos, que se están pudriendo en un manicomio, estén realmente cuerdas, sin darnos siquiera cuenta de ello.  Puede que en realidad todos estemos en un manicomio por locuras que hemos hecho en el pasado, que han cometido nuestros más lejanos ancestros. Quizá estemos en una celda de aislamiento que es este mundo que nos rodea, y nos aisla de todas las demás sociedades. A lo mejor no es que no podamos salir de la Tierra por la tecnología o los avances en la ciencia, si no porque no nos lo permiten, porque estamos encerrados.

   En definitiva, deberíamos cortarnos un poco más a la hora de juzgar la cordura de alguien, y, sobre todo, deberíamos valorar la nuestra antes que la de los demás. Aprendamos a perdonar, y seremos perdonados. Aprendamos a razonar, aprendamos a aceptar, aprendamos a ser iguales. Y, por encima de todo, aprendamos a aprender.


   "Seamos razonables, nadie está por encima de nadie."